Padre e Hijo

El título de este artículo nos hace evocar esos momentos tiernos de nuestra infancia y primera adolescencia cuando nos acercábamos a la persona amada o cuando se aproximaba el momento de un acontecimiento fuera de lo normal como el anhelado paseo escolar, la inminencia del primer beso o ver los resultados de las pruebas de admisión a la universidad.

En general, podemos decir que este delicioso cosquilleo nos invade de cuando en cuando en esos instantes especiales que nos produce grata recordación y dejan huella indeleble en nuestras vidas.

Le cuento estimado lector que esa emoción la experimenta un árbitro de fútbol cuando sale al terreno de juego a impartir justicia porque es sabedor que esa designación es fruto de su esfuerzo, sacrificio y dedicación durante extenuantes jornadas de preparación física, teórica y mental por semanas.

En nuestro medio, el viernes es tal vez, el día más esperado de la semana porque se termina la jornada laboral o académica o simplemente porque se avecinan los días de descanso; por el contrario, para el árbitro de fútbol, el día de mayor expectación es el jueves pues es cuando se le notifica la designación para la fecha del fin de semana.

En ese momento sabrá que se alejará de sus seres queridos durante dos días, que estará concentrado en un hotel lejos del hogar y que normalmente  estará expuesto a todo tipo de críticas, desde aquella con ánimo constructivo hasta la más cruel; no obstante, habrá valido la pena pasar por todo eso porque al momento de salir al terreno de juego revolotearán esas maripositas en el estómago como señal fehaciente de la inmensa felicidad que le produce ejercer esta bella y noble profesión. Ese placer orgásmico compensa tanto sacrificio.

¡Salud por todo lo que nos genera maripositas en el estómago!